Seguridad y metamizol, ¿algo nuevo bajo el Sol?

Un analgésico prohibido en Reino Unido se relaciona con muertes de británicos en España (noticia publicada en The Guardian a 26 de noviembre de 2023). Otra vez volvemos a tener el metamizol en el punto de mira de todos los titulares, especialmente de los medios de comunicación británicos, pero ¿qué está pasando realmente?

La Asociación de Afectados por Fármacos (ADAF) ha presentado recientemente una denuncia contra el Ministerio de Sanidad y la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) por «inacción a la hora de proteger a la ciudadanía de los riesgos del metamizol». Inmediatamente después hemos visto en redes un gran revuelo cuando se ha comprobado que es un medicamento prohibido en numerosos países de la UE, además de Estados Unidos. Aprovechamos para recordar que eso es algo frecuente en aquel país, sobre todo cuando se trata de medicamentos europeos; no parece que tengan el mismo celo por la seguridad con medicamentos made in USA como la tolbutamida, un antidiabético que lleva décadas retirado de Europa por aumentar el riesgo cardiovascular de quien lo toma.

Dicho esto, pasemos a abordar ciertas cuestiones:El metamizol pertenece a la familia de las pirazolonas, del grupo de los antiinflamatorios no esteroideos (AINES). Su perfil antiinflamatorio es limitado (inhibe principalmente la COX-3 y en menor medida las enzimas COX-1 y COX-2), por lo que se indica mayormente como analgésico y antipirético.

Se comercializó por primera vez en Alemania en 1922 y fue comercializado en España a mediados del siglo XX, siempre como medicamento sujeto a prescripción médica.

La agranulocitosis es un trastorno hematológico caracterizado por una reducción severa y selectiva de los neutrófilos. Frecuentemente ocurre como reacción adversa a medicamentos, aunque se desconoce la incidencia exacta de agranulocitosis de causa medicamentosa. Los fármacos pueden producir esta afección por tres mecanismos: citotoxicidad directa sobre la médula ósea o sobre la propia célula; promoción de una sensibilidad anormal de los precursores mieloides a concentraciones terapéuticas del propio fármaco o de sus metabolitos; y despertar de una reacción inmunológica.

Para la mayoría de los fármacos, el mecanismo causa-efecto es desconocido. En lo que sí parece haber unanimidad es en la alta implicación de factores genéticos que puedan influir en la predisposición a alguno de estos mecanismos.

El foco de atención está puesto en si las características genéticas de británicos, suecos o escandinavos pueden ser una de las causas de incremento del riesgo; y de hecho, la mayor incidencia de aparición de esta afección en determinadas poblaciones motivó su retirada del mercado farmacéutico en países como Australia y Dinamarca(1965), Estados Unidos (1977) y Suecia (1999)

Aun así, las incidencias notificadas de agranulocitosis inducida por metamizol muestran una amplia variación según los distintos estudios, lo cual sigue siendo motivo de polémica, ya que se desconoce su incidencia real. Estas diferencias pueden ser debidas a divergencias en el método utilizado, diferencias clínicas en el uso del fármaco o por diferencias genéticas y étnicasEn agosto del 2018, The Sunday Times se hacía eco de la agranulocitosis inducida por metamizol y de las consecuencias graves, incluso muertes, que afectaron a más de 100 turistas británicos e irlandeses en España.

Eso motivó que la AEMPS revisase el perfil de seguridad de este fármaco como respuesta a esta notificación de casos. Se concluyó que el número de casos notificados en los últimos años se había incrementado paralelamente al aumento del consumo de este analgésico; sin embargo, con los datos disponibles no fue posible calcular la incidencia de agranulocitosis en pacientes expuestos a metamizol. A pesar de que se sugerían factores genéticos para explicar posibles diferencias de aparición de agranulocitosis entre poblaciones, no había datos que permitieran confirmar (ni descartar) un mayor riesgo en poblaciones con características étnicas diferentes.

Se emitieron recomendaciones a los profesionales sanitarios sobre el uso de metamizol sólo para tratamientos de corta duración, a la dosis mínima eficaz, y vigilando la aparición de sintomatología indicativa de agranulocitosis. Además, se recomendaba realizar controles hematológicos en tratamientos prolongados, que incluyesen también la fórmula leucocitaria.La AEMPS ha realizado una evaluación de la nueva información disponible desde entonces, analizando la evolución del consumo de metamizol, los datos de notificación espontánea de casos de agranulocitosis y la literatura científica publicada en todo este período. Se ha realizado también un estudio farmacoepidemiológico que está pendiente de publicación (EUPAS41314). Como conclusión preliminar, se confirma que la incidencia de agranulocitosis entre los pacientes que inician tratamiento con metamizol es muy baja; en el rango de 1 a 10 casos por millón de personas usuarias, en una población de pacientes representativa de la práctica clínica real en España.En base a la revisión de toda la información disponible, tanto la histórica como la más reciente, se ha concluido que no existen nuevos hallazgos que cambien el perfil del riesgo de agranulocitosis ya conocido para metamizol. Así que nada nuevo bajo el Sol…

Ahora bien, el impacto de la globalización y la elevada frecuencia del turismo británico en España son factores a tener presentes, pues nuestro entorno es dinámico, cambiante y cada vez más universal.Entrada elaborada por Marta Turu Pedrola, directora del Comité Editorial del Blog de la SEFAP. 

La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene por qué representar la posición de la organización en la que desarrolla su actividad profesional.

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